Homeopatía Argentina

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Carta abierta a Mario Bunge

 

Dra. Mónica Prunell
Profesora Adjunta de la AMHA

 

Son de público conocimiento los conceptos agraviantes utilizados por el filósofo Mario  Bunge para descalificar a la Medicina Homeopática, lo cual suscita estas reflexiones aclaratorias.

Para Mario Bunge todo lo que no sea demostrable matemáticamente o verificable objetivamente  es un sinsentido. En su universo biologicista sólo rigen los objetos físicos medibles como  Aparatos, órganos, tejidos, neuronas y fluidos. El ser humano con sus emociones,  sentimientos, pensamientos, afectos, su voluntad, ilusiones y sueños parecería quedar excluido.

¿Por qué? Porque estas categorías inmateriales serían irreductibles al estatuto científico,  Al igual que las categorías estéticas, axiológicas y éticas. Su desprecio por la expresión  de la subjetividad explica su rechazo ofensivo a la Psicología y a la Medicina Homeopática  y su terapéutica.

Ciertamente el neopositivismo ha sido beneficioso en su misión depuradora de la desmesura  de la razón especulativa, pero Mario Bunge se extralimita en sus funciones y encarna un  dogmatismo cientificista que deviene en estrechez de miras. Olvida que la desmedida  preocupación por la santidad de los métodos y mecanismos de lectura de la realidad actúa  limitando y condicionando el conocimiento de la realidad misma. Paradojalmente, Bunge se  viste de inquisidor y nos recuerda el funesto siglo XVI, cuando el pensamiento crítico y la  imaginación creativa eran cercenadas debido al dogmatismo imperante, pero también a la  carencia de técnicas que verificaran los nuevos descubrimientos.

Mario Bunge expone su ignorancia de la doctrina y práctica de la Medicina Homeopática al  restarle nexos con la Biología y con la experimentación de medicamentos.

Nada más lejos de la realidad.

El creador de la medicina Homeopática, el médico Samuel Hahnemann (1755-1843) fue un hombre de la Ilustración, amante de la racionalidad y de los valores universales; sus ideas del carácter innovador para su época, e incluso para la nuestra, han sido resistidas por el pensamiento médico hegemónico desde su inicio. Hoy en el siglo XXI somos testigos de una versión de inusitada ferocidad en contra de la Medicina Homeopática en boca de Mario Bunge, cultivador de un reduccionismo biologicista.

Las bases sucintas de la Medicina Homeopática son las siguientes:

Aplica el principio terapéutico de los semejantes enunciado por Hipócrates. Según este principio “todo medicamento capaz de despertar en el hombre sano determinados síntomas, es capaz de curar los síntomas semejantes que se presenten en el individuo enfermo”.

Realiza la experimentación de los medicamentos en hombres sanos (Samuel Hahnemann inaugura el método científico en 1790, medio siglo antes que Claude Bernard publicara sus primeros trabajos) mediante un severo protocolo de observación y asentamiento de los síntomas obtenidos en dichas experimentaciones.

Utiliza remedios atenuados, diluidos y dinamizados con el fin de estimular al organismo en el sentido de la curación y restarle los efectos tóxicos.

Prescribe un medicamento por vez tal como se procede en las experimentaciones.

El interrogatorio homeopático habilita una semiología rica y sutil que recaba los síntomas mentales, síntomas generales y síntomas físicos del paciente, entendiendo que la persona es una unidad psicofísica individual, única e intransferible.

El primer diagnóstico que el médico homeópata obtiene en la consulta médica es el diagnóstico clínico, nosológico, y luego profundiza su abordaje de modo de acceder al enfermo en su totalidad. Samuel Hahnemann descubre el vínculo entre lo psíquico y lo somático con un siglo y medio de antelación a las escuelas psicosomáticas y es precursor de la ecología al relacionar al hombre con el ambiente.

El abordaje individualizador y personalizado del enfermo dificulta la evaluación estadística de la terapéutica homeopática según las técnicas observadas actualmente.

Es dable considerar en este punto, siguiendo a Edgar Morin que “la técnica aporta su propia barbarie, una barbarie de cálculo puro, frío, helado que ignora las realidades afectivas propiamente humanas”.

Históricamente las corrientes intelectuales han ido a la zaga de los cambios sociales, políticos y económicos, tanto más de los avances científicos.

La filosofía continúa siendo tardía: “el búho de Minerva recién levanta vuelo cuando cae la noche”, ilustraba Hegel.

Mario Bunge sabe bien que siendo el desarrollo del conocimiento progresivo y acumulativo, ningún paradigma es unánime pues suelen coexistir varios paradigmas al mismo tiempo, pero elige apropiarse de un pensamiento árido, austero, seco, condenado a permanecer en la superficie de la realidad física.

Representa al “erizo” imagen metafórica que utiliza Isaías Berlín para referirse a los monistas que creen en una sola verdad, en un único principio organizador de la realidad. En esta línea de pensamientos no podemos dejar de mencionar a Karl Popper y su discurso sobre la relatividad de las verdades científicas.

Mario Bunge desconoce que el abordaje homeopático no pretende ser el único recurso terapéutico; su intervención posee un sentido limitado, tanto en las situaciones extremas donde está en juego la supervivencia inmediata del paciente como también en los estados avanzados de procesos malignos. Ciertamente su eficacia se potencia en el tratamiento de las enfermedades agudas y de los procesos patológicos de largo plazo, siendo un recurso poco costoso y libre de los efectos perniciosos de las prescripciones alopáticas.

Los últimos descubrimientos de la física moderna acercan hipótesis plausibles de los mecanismos de acción de las diluciones homeopáticas, pues a partir de la mecánica ondulatoria, en principio de incertidumbre de Heinsemberg y el desarrollo de la electrodinámica cuántica se modificó la visión mecanicista, determinista Newtoniana. La evolución de un sistema dinámico dejó de ser determinado por parámetros físicos y se volvió impredecible.

¿Por qué es tan difícil aceptar que puedan coexistir concepciones diferentes sobre la forma de abordaje del enfermo y su curación?

En todo caso ¿Qué la Medicina Homeopática no cumpla con el paradigma hegemónico actual significa que se debería privar a los enfermos de sus beneficios?

Sería un grave contrasentido desde el punto de vista humano y ético, ya que sus resultados terapéuticos han sido valorados en su efectividad por Médicos y pacientes a lo largo de más de dos siglos.